Parece que le sonrió la diosa Ocasión, una divinidad alegórica de la mitología clásica a la que los griegos y romanos representaban como una hermosísima doncella desnuda o semidesnuda, alzada de puntillas sobre una rueda y con alas en los talones, con un largo mechón de cabellos sobre la frente y el resto de la cabeza totalmente calva. Con ello pretendían expresar lo efímero de su paso, la brevedad de la buena suerte, el giro constante de la rueda de la fortuna y la imposibilidad de asirla por los cabellos una vez que la ocasión pasaba de largo.

Asirla por los pelos y no por otra parte del cuerpo no es una cuestión baladí. La fragilidad y poca entidad del asidero refuerza la idea de la volatilidad de la fortuna, pudiendo encontrar el pelo en multitud de frases hechas con interpretación similar.

No tener un pelo de tonto, Escaparse por un pelo, Ir de pelos, Por un pelo… son algunos ejemplos.

Ocasión, suerte y fortuna son términos asociados al azar y al juego y es innegable su influencia sobre la vida de los hombres. No es de extrañar, pues, que el acervo popular haya engrosado con multitud de modismos al respecto.

Y al que la suerte le sonría será el que conseguirá Llevarse el gato al agua. Sin duda.

Fecha de la 1ª publicación: 07/05/2000


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