Tomar el sol, o tomar baños de sol para ponerse moreno es una costumbre moderna.

Antiguamente las damas evitaban los rayos de sol cubriéndose el rostro con sombreros y pamelas de anchas alas y utilizando en sus paseos primorosas sombrillas.

La piel morena era considerada de una gran vulgaridad, era indicativa de una vira rural y campesina. La piel blanca, en cambio, mostraba la clase y la elegancia.

Para mantener la palidez del rostro muchas damas ingerían grandes cantidades de vinagre o incluso se practicaban sangrías terapéuticas, sobre todo en la época del romanticismo a finales del siglo XVIII.

Pero todo cambió cuando, a mediados del siglo XIX, las clases pudientes descubrieron los beneficios de la luz solar y del yodo marino; la playa, las vacaciones veraniegas y la conveniencia de los baños de mar.

Las clases medias se apresuraron a imitar a los potentados y, poco a poco, se fueron abarrotando las playas con miles de cuerpos más o menos desnudos expuestos a los despiadados rayos solares

Actualmente, con el deterioro de la capa de ozono, los rayos solares son cada vez más virulentos, pues es mayor su carga de ultravioleta.

Así que hemos tenido que multiplicar por ocho o por diez el factor de protección de la crema bronceadora que usábamos anteriormente en un espacio de dos o tres años y nuestro cuerpo se ennegrece con mayor rapidez estableciendo así su defensa contra la agresión lumínica.

Fecha de la 1ª publicación: 03/09/2004

Última modificación: 06/08/2025


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *