Son chistes cortos. Chistes de lenguaje, cuya gracia se basa en el equívoco. Como juegos de palabras están bien, aunque como chistes son bastante malos.
Y algunos muy malos. O geniales.
Dos parados se encuentran en la calle:
– He encontrado trabajo.
– ¡Qué suerte! y… ¿dónde?
– En Santiago.
– Santiago y… ¿de qué?
– De Compostela.
Suena el teléfono:
– Dígame………..
– Me.
– Repítalo………
– Lo, lo, lo, lo, lo, lo, lo, lo, lo, lo……….
Dos Señoras charlando:
– ¡Le he puesto a mi hijo gafas!
– ¡Qué nombre mas feo!, ¿no?
En el restaurante:
– ¡Camarero, este pollo está blando!
– Pues dígale que se calle.
Dos viejecitas merendando el día de Nochebuena.
– ¡Esta leche no está buena!
– ¡Y mañana Navidad!
En la escuela pregunta la profesora:
– Jaimito, dime dos pronombres.
– ¿Quién, yo?
– Correcto.
Entra un señor en una tienda de alpargatas:
– Muy buenas, ¿ tiene alpargatas?
– Muy buenas.
– Muy buenas, ¿tiene alpargatas?
En la escuela, pregunta la profesora:
– Jaimito, dime el principio de Arquímedes.
– La “A”, señorita.
Dos amigos se encuentran y le dice uno al otro:
– El pasado domingo estuve en la plaza y había lo menos cien mil palomas.
– ¿Mensajeras?
– No, no te exagero.
-Buenas, soy paraguayo y vengo para pedir la mano de su hija.
-¿Para qué?
-Paraguayo.
– Yo me llamo Bartolo, pero me llaman Bartolomé.
– Pués, yo me llamo Paco, pero mi mujer me llama “pa’ comé”.
Un financiero a otro.
-Tengo un hijo invertido.
-¿Ah sí? ¿A qué interés?
Fecha de la 1ª publicación: 01/10/2001
Última modificación: 21/11/2004










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