¿Sabías por qué MANDAR AL CARAJO a alguien es enviarlo muy lejos?

También rechazarlo, despedirlo con enfado, con ganas de que desaparezca de la vista.

Tiene su origen en la terminología náutica y en los grandes veleros de los siglos XV a XVIII. En esas naves el carajo era, en la jerga marinera, la cofa o canastilla de vigilancia ubicada en el punto más alto del palo mayor, donde se colocaba el vigía.

Resulta que la función de vigía era desagradable, pues era un puesto alejado, inestable por los violentos movimientos de balanceo y expuesto a las inclemencias del tiempo.

Por ese motivo era un puesto de castigo. Cuando un marinero cometía una falta el capitán lo mandaba al carajo, donde pasaría horas en soledad y a merced de los efectos de la navegación y el clima.

Escuchar un ¡Vete al carajo! era la peor de las amenazas a bordo.

Posteriormente, la locución dejó el ámbito marinero y pasó al lenguaje coloquial.

Otras expresiones como Hacer un frío del carajo o Estar de un humor del carajo tienen el mismo origen.


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